Estoy convencido de que el mundo exterior es un reflejo de nuestro mundo interior, de la misma forma, que el ambiente en que vivimos afecta a nuestro estado de ánimo, nuestros pensamientos y nuestro cuerpo. Creo que nunca podríamos existir en separación del entorno, de la sociedad y de la naturaleza. Esta relación recíproca, esta unión forma parte principal de la vida de un ser humano, es la fuente en que encontramos nuestra razón para vivir. Ya sea familia, carrera o metas a las que aspiramos.

​No obstante, ¡no os asustéis por estas ideas filosóficas! Solamente representan mi reflexión sobre casi dos años que estoy aquí en esta ciudad maravillosa. Barcelona es una ciudad única, donde todo el mundo puede encontrar algo para sí. La gente viene aquí por sus razones y con sus objetivos, y para cada uno la ciudad abre su propia puerta llena de experiencia, ya sea buena o mala – experiencia, al fin. No os podéis imaginar cuántos cuentos yo ya he escuchado de gente que viene a Barcelona para encontrar su camino. Y cada uno de ellos tiene su manera de hacerlo. En este caso yo no soy una excepción. Mi historia aquí empezó con una transformación que estaba ocurriendo en mi vida, así que vine para buscar un nuevo rumbo para este cambio.

 

​Yo nunca era una persona de vida nocturna, las discotecas no me atraían mucho, incluso en la época de adolescencia y de los primeros años de la universidad. Y si salía, siempre me daba ganas de acostarme después de las 2-3 de la noche. Aunque podía estar de pie hasta la mañana, de todos modos me despertaba antes de las 9. Y con los años esta costumbre no ha cambiado nada, aún peor, ahora me despierto a las 7 sin ningún despertador. Entonces, ya se puede ver que la mañana es mi parte del día. Aún más, para mí cada mañana significa un nuevo inicio, una nueva oportunidad, un renacimiento.

​Aún así, las mañanas aquí tienen mucho en común con las de cualquier otra ciudad del mundo – la mayoría de la gente se despierta, desayuna (o no, – esto depende de los hábitos de cada uno) y va al trabajo o a los estudios. Está claro que lo que hacemos por la mañana depende mucho de nuestras costumbres, de nuestro horario y del tiempo que tenemos. Por lo tanto, yo, viviendo aquí durante un tiempo ya, y teniendo la primera parte de mi día más o menos organizada, creo que he encontrado una perfecta rutina matutina para mí. Me despierto a las 7, me ducho, preparo un bocadillo contundente para llevar y cojo una bicicleta para ir a la clase de Ashtanga yoga, que practico desde que estoy en Barcelona. La práctica de yoga y de meditación forma parte principal de mi rutina, que me ayuda a tener la cabeza despejada y el cuerpo flexible para prepararme para las situaciones diarias. Aparte del yoga, que hago dos veces a la semana, voy a correr y hago ejercicios de calisthenics. ¡Sí, soy un fanático del deporte! Y, por fin, solo después de hacer todo esto, me permito desayunar aquel bocadillo antes de que empiece mi clase en FreeDa.

​Pero yo no soy el único loco aquí. En realidad, desde mi punto de vista ahora, puedo declarar con confianza que Barcelona es una ciudad perfecta para los deportistas. Viviendo cerca del mar, cada vez que bajo al paseo marítimo, observo un montón de gente corriendo de un lado a otro, montando en bici, patinete, como si fueran las Olimpiadas. Incluso los dispositivos eléctricos estos modernos, los de los perezosos, jajaja! Y todo esto, sin mencionar nada sobre la abundancia de las pistas de volley en la playa, varios maratones organizados durante el año y las actividades marítimas. ¡Tipos de deporte para cualquier gusto, lo que quieras!

​Bueno, ¿qué le diría yo a un visitante sobre las mañanas en Barcelona? Le recomendaría levantarse temprano un día, ir a ver el mar y disfrutar del amanecer mirando cómo se despierta la naturaleza, mientras se despierta él mismo observando con tranquilidad esta conexión sagrada entre los dos mundos, externo e interno.